lunes, 9 de septiembre de 2019

“La gramática no tiene sexo, no es ni incluyente ni excluyente”: Concepción Company

“La gramática no tiene sexo, no es ni incluyente ni excluyente”: Concepción Company

«La gramática no refleja necesariamente el mundo. El mundo está dividido en dos: hombres y mujeres; la gramática no lo está, es un hecho arbitrario de sedimentación secular y herencias milenarias», expresó a ZETA la reconocida lingüista
Desdoblar en masculino y femenino algunas palabras, utilizar todxstod@s o todes, así como separar entre lenguaje sexista y lenguaje inclusivo, ha sido una moda promovida desde instituciones gubernamentales o asociaciones civiles, a veces practicada por algunos sectores de la población hispanohablante.
Investigadora Emérita del Instituto de Investigaciones Filológicas en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Miembro de Número de la Academia Mexicana de la Lengua y de El Colegio Nacional, la lingüista Concepción Company Company compartió con ZETA un análisis sobre este importante tema que ocasiona reflexiones y debates.
Para empezar, reconoció:
«Hay en los últimos 10 años, fundamentalmente, propuestas desde organismos oficiales, como la Secretaría de Gobernación, Sindicato de Trabajadores de la Educación, organismos gubernamentales, en el sentido de que hay que hacer una lengua desdoblada, en masculino y femenino -en aquellas zonas donde se puede desdoblar en masculino y femenino-, para darle respeto e igualdad a las mujeres.
«Mi planteamiento es que el respeto y la igualdad a las mujeres no se va a lograr si decimos presidente o presidentajuez o jueza, sino que se va lograr cuando la mujer gane igual que un hombre y tenga las mismas posibilidades de acceso educativo, laboral, en salud, etc. que tienen los hombres, da igual cómo se le llame, presidente o presidenta. Todos estos organismos gubernamentales tienen manuales del buen hablar y buen escribir, del hablar respetuoso desdoblado, y entonces me dicen: “Igualdad es que te llamen arquitecta”; ¡no!, igualdad es que me paguen igual si soy igual de buena, que yo tenga las mismas oportunidades de acceder a ese puesto que un arquitecto, o me paguen mejor si soy mejor.
«Yo reconozco, como mujer, que hay un gran problema de desigualdad entre hombres y mujeres, un problema social, sin duda, por supuesto que lo hay; no somos minoría biológica, pero sí se nos trata, como minoría; las mujeres, apenas en los últimos 10 años, 20 años, estamos teniendo acceso a puestos directivos, a lugares que hasta ahora han sido privilegio de los hombres, eso lo reconoce cualquiera que tenga ojos, pueda leer un periódico o redes o pueda oír radio y televisión, eso es una realidad», advirtió Company Company.

ENTRE EL “LENGUAJE INCLUSIVO” Y EL “LENGUAJE SEXISTA”
Doctora en Letras, con especialidad en Lingüística Hispánica por la UNAM, primero se le preguntó a Concepción Company:
— ¿Qué opina respecto a que desde instituciones gubernamentales se promueve el llamado “lenguaje inclusivo”?
«Pues a mí me parece que están gastando energías inútilmente, es una ridiculez. Yo soy la primera que quiero igualdad y he peleado y trabajado por ella como mujer, pero forzar la lengua y decir: los y las mexicanasniños y niñasqueridos todos y queridas todas, -por cierto, ¿por qué tienen que ir los hombres por delante?-, me parece que es absolutamente antieconómico. Si usted dice: “El hombre es un ser racional”, no tengo ningún problema, yo no me siento excluida de ese enunciado genérico.
«El meollo de esto es que tenemos que entender que la gramática es una serie de convenciones seculares, incluso milenarias, sedimentadas en forma de reglas, de hábitos y de rutinas, de muy lenta transformación, y debemos entender, cosa sabida, que el masculino no refleja sexo, refleja una convención indiferente al género. Si yo pregunto “¿cuántos hijos tiene?”, supongo que piensa en hijos e hijas, en todos; pero si yo le pregunto “¿cuántas hijas tiene?”, quedan excluidos; ésa es la prueba de que el masculino es indiferente. Mire, llevo tiempo diciéndolo, la manera gramatical de empoderarse las mujeres y de excluir a los hombres, si así lo desean, es decir todo en femenino: estimadas todas, así haya hombres presentes, estos automáticamente se hacen invisibles, quedan fuera. Entones, no sé por qué tenemos que desdoblar si el femenino es la herramienta poderosa para excluir.
«Los dueños de la lengua somos los hablantes, podemos hacer cosas como escribir lxs, l@s; usted puede hacer lo que quiera porque el dueño de la lengua es usted, ella, yo, todos somos dueños de la lengua, pero la lengua funciona en tanto que es una convención social y que todos estamos de acuerdo en que sirve y significa algo. Las iniciativas grupales no tienen éxito gramatical.
«Usted pone una @, un signo medieval, porque ahora es la moda, hace veinte años no hubiera puesto una @. La x, la @, la e son una convención que está en el ambiente político, en el ambiente social hace tres o cinco años, pero es una convención, es un acuerdo de una pequeña comunidad. Escribir con x o con @ va en contra de la pauta de la lengua española, porque la lengua española no tiene ninguna sílaba con tres consonantes. Entonces, decir todxs es impronunciable, no pertenece al patrón fónico del español».
 Pero quienes argumentan sobre el “lenguaje sexista”, aducen al sistema patriarcal…
«Nadie niega que en sus orígenes, las zonas que se marcan en masculino y femenino, hayan podido reflejar un sistema patriarcal, en las sociedades protoindoeuropeas, e incluso en la sociedad romana, hace unos 2,300 o 2000 años, claro que eran sistemas patriarcales, y a la fecha son sistemas patriarcales; pero las comunidades de lenguas que no tienen género, como el turco, como el árabe o como las lenguas amerindias en su mayoría, son sistemas patriarcales, entonces, poner toda la energía en desdoblar en estimados todos, estimadas todas es una energía inútil, porque la lengua es, vuelvo a decirle, un repositorio de hábitos, de tradiciones, de rutinas y nunca cambia por un decreto. Ni la Cámara de Diputados ni un grupo de feministas van a cambiar la lengua, son los usuarios de todos los días, los hablantes de la banqueta los que cambiamos verdaderamente la lengua; es una lentísima transmisión de pequeñas innovaciones de padres a hijos, de abuelos a nietos, esos somos los protagonistas.
«La gramática es como si fuera un teflón a la que se le resbala todo, sólo le hacen mella aquellas innovaciones que sirven para algo en el funcionamiento de la gramática. Si queremos meterle correspondencia a la lengua española con el mundo real pues tendríamos que meterle correspondencias genéricas a unas minorías que son reales como las famosas minorías T: travestis, transgéneros, transexuales, que son ámbitos distintos de preferencias sexuales; o sea, es un asunto muy complejo y la gramática no da cuenta de todas esas complejidades del mundo.
«Yo lo que creo es que es una superficialidad decir que esto tiene que ver con cómo está estructurado el español, me permito decirlo: es una superficialidad y un desconocimiento profundísimo de la historia de la lengua decir que esto se debe a un sistema patriarcal; hay un montón de sociedades patriarcales cuyas lenguas no han marcado jamás un género».
— ¿Por qué es incorrecta la separación de “lenguaje sexista” y “lenguaje inclusivo” que se hace desde algunas instituciones o asociaciones civiles con el argumento de que es “para visibilizar a todos los grupos sociales”?
«Yo creo que es muy válida la batalla de visibilización femenina, es muy válida, yo la apoyo, por supuesto. Yo les pregunto después a las feministas, sean cuales sean sus preferencias sexuales: ¿qué se hace con las minorías que son homosexuales o que son transexuales?; eso no sé ni cómo se va a marcar en la gramática y tienen el mismo derecho de ser representadas esas minorías lingüísticamente, eso es lo primero. Lo segundo, si esa batalla fuera correcta socialmente no significa que la lengua la vaya a asumir. Usted puede ponerse con una pancarta durante 50 años diciendo todes o todxs para ser incluyente, pero está por verse que la gramática lo vaya a sedimentar y a incorporar.
«Yo lo que creo es que es absolutamente arbitrario y convencional, además de elitista, decir tod@s o todxs, con x es impronunciable, ya que se elimina de la posibilidad de igualdad a todas las sociedades que han vivido por milenios sin escritura; el 90 por ciento de las lenguas del mundo nunca ha desarrollado escritura, supongo que tienen derecho igual que las que sí tienen escritura, a ser iguales entre hombres y mujeres. Escribir con @ es un elitismo, si usted no tiene un teclado o no sabe escribir, no pasó por la escuela y sabe que ese signo medieval, @, le puede servir como aparente inclusión, pues me parece que es elitista porque excluye a la oralidad. El de la x excluye igualmente a la oralidad. En suma, ¿acaso las mujeres que son hablantes de lenguas que han existido por milenios en la oralidad, lenguas carentes de escritura, no tienen derecho a la igualdad social?
«Me parece a mí que son unas batallas con mucha energía para cero resultados, habrá que esperarse ciento y pico años, unas cuatro generaciones para ver si algo se logró. ¿Qué significa “se logró”?, que 500 millones de hispanohablantes o 125 millones de mexicanos estén de acuerdo en desdoblar en cualquier acto de habla, cuando la zona gramatical permite el desdoblamiento, y ese acuerdo no se va a producir en unos años y no sabemos si se producirá alguna vez».
LGUNOS INTENTOS REGULATORIOS EN LA HISTORIA DE LA LENGUA
Autora de los libros El siglo XVIII y la identidad lingüística de México (Academia Mexicana de la Lengua y Universidad Nacional Autónoma de México, 2007) y Los opuestos se tocan. Indiferencias y afectos sintácticos en la historia del español (El Colegio Nacional, 2017), entre otros, la doctora Concepción Company Company compartió con ZETA algunos ejemplos de cómo a lo largo de la historia del español ha habido diversos intentos regulatorios y algunas modas en el uso del idioma:
«En los dos mil años de la historia de la lengua española ha habido intentos regulatorios y nadie les ha hecho caso; los intentos regulatorios suelen venir desde instancias de poder, como la Corona; en el período de los Reyes Católicos o con los borbones en el siglo XVIII, con la creación de las academias hubo muchos decretos de buen uso de la lengua, pero con pocos o nulos resultados en el empleo del español día a día. Por ejemplo, en el siglo XVIII les dio -era una moda, se veía bonito- por poner dobles consonantes, grupos cultos, se llaman: escribían proppositto, con doble pp y doble tt; les encantaba, era algo así como complejizar, como hacer más culta la lengua; y entonces llegó la Real Academia Española en 1743, en su primera Ortografía, y emite la recomendación de “simplifíquense los grupos cultos”, como dobles tt, doble bb, dobles ff, dobles ss, o ph, les encantaba, prophecía con ph en lugar de con f. ¿Sabe quién les hizo caso?, nadie.
«Escribían con doblamiento consonántico hasta bien entrado el siglo XIX y no fue por un decreto de la Real Academia de la Lengua, fue porque entra una prisa comunicativa, se generalizan los periódicos en el sentido de diario, más entra un hecho fundamental que es la revolución industrial a mediados del siglo XIX y se incorporan grandes masas al trabajo, hombres y mujeres, de hecho el inicio del feminismo está en la revolución industrial porque necesitan mano de obra y tienen que entrar las mujeres a las fábricas.
«Por la prisa y la necesidad de rapidez se olvidaron de que era bonito escribir con doble tt, doble pp, doble ff y doble ss, entonces cuál fue el efecto, no tiene que ver con un decreto, tiene que ver con cómo funciona la sociedad. A la fecha, hay variación interesante en grupos consonánticos en el español; por ejemplo, en Argentina o Uruguay se escribe y dice transcripto, con pt, pero setiembre, sin p; en México o en España, es justamente al revés, transcrito y septiembre, esta variación, como cualquier otra de la lengua, sólo prueba que es convencional, y prueba que no se les hace caso a los decretos emitidos desde instancias de poder.
«Este desdoblamiento de masculino y femenino es, además, una zona muy pequeña del español, es un cuatro o cinco por ciento de la lengua española que se puede desdoblar, no es nada moderna, todos creemos que es un descubrimiento darle visibilidad a las mujeres, pero en textos del siglo XVI usted se encuentra “se presentó la declaranta”, “se presentó la testiga”, y le puedo garantizar que no es un intento de visibilización o de inclusión.
«En la Audiencia de México, en el centro del virreinato de la Nueva España, usted no encuentra ninguna declaranta ni ninguna testiga, porque hay una normatividad mucho más culta; en cambio encuentra, por ejemplo, en documentos de Oaxaca y Chiapas “fue llamada a dar su testimonio María Pérez, se apareció la testiga ante el juez o ante el Santo Tribunal en tal ciudad de Chiapas”; en zonas marginales de la Audiencia están las testigas y las declarantas mucho más presentes. Este desdoblamiento se retrae porque en el siglo XVIII hay una corriente muy culta, desde centros educativos fuertes, como la Ciudad de México, la audiencia de la Nueva Galicia, Guadalajara hoy, también una zona fuerte, se retraen esos desdoblamientos y fueron sacados de nuevo hace unos años como algo innovador. ¿Qué es lo que hace un desdoblamiento?, bueno le da visibilidad a la mujer, pero yo no quiero visibilidad, yo quiero verdadera igualdad, que son cosas distintas».

“LA GRAMÁTICA NO TIENE SEXO”
Para concluir la entrevista con ZETA, la reconocida lingüista argumentó por qué la gramática no es incluyente ni excluyente:
«La gramática no tiene sexo, no es ni incluyente ni excluyente, es una herramienta que atraviesa nuestra vida y que usamos diariamente para funcionar en la vida. La gramática es una serie de convenciones, es arbitraria. Por ejemplo, la palabra arte en singular es el arte, en plural son las artes, eso es una muestra de arbitrariedad, así ha sido por siglos. Es decir, la gramática no refleja necesariamente el mundo. El mundo está dividido en dos: hombres y mujeres; la gramática no lo está, es un hecho arbitrario de sedimentación secular y herencias milenarias».
— ¿Por qué “la lengua no tiene sexo, no es ni incluyente ni excluyente”?
«Ninguna lengua tiene sexo, algunas tienen género. El género es una adscripción arbitraria, convencional, sedimentada por siglos, de que una comunidad de hablantes marca como masculino algunos aspectos, marca como una terminación de femenino a otros y marca neutro o como invariable otros.
«En el caso del español, en una parte mínima de la lengua, el género coincide con el sexo de los individuos; es una zona que refiere a seres animados, por ejemplo, niño-niña, gato-gata, perro-perra, pero no hay una relación entre sexo y género; hay muchas zonas de masculino y femenino, desdobladas en género a través del artículo o a través de terminaciones, el cólera-la cólera, que remiten a significados muy distintos de hombre-mujer. Los adjetivos, por supuesto, tienen la posibilidad de alternar entre masculino y femenino, como blanco-blancanegro-negra, pero también hay algunos invariables como azul, café; por lo tanto, sigue aflorando la arbitrariedad y el carácter convencional.
«La mayoría de lenguas del mundo no marca género; por ejemplo, una propiedad característica de la gran mayoría de lenguas amerindias es que ninguna tiene género; tampoco el finlandés tiene género, ni el turco ni el árabe. Por ejemplo, el finlandés no tiene género; todo mundo dice: “claro, es que Finlandia es primer mundo, por eso ha eliminado históricamente las distinciones de género”. Tampoco tiene género el turco, ¿usted cree que la sociedad en Turquía es igualitaria?
«Tampoco tiene género la mayoría de lenguas amerindias y ¿usted cree que la mixteca es igualitaria por carecer de género?, no; la convención matrimonial es que compran a la mujer, normalmente, o sea, la piden a cambio, y si a la mujer le va muy bien valdrá unas 20 cajas de cerveza y una cabra o un cordero; y no solo eso, sino se la llevan a la casa de la suegra, ésa es la tradición y se vuelve prácticamente sirvienta de la suegra. La lengua no tiene género, pero esa sociedad es profundamente inequitativa para la mujer, al menos, desde nuestro punto de vista de mujeres de otra sociedad.
«Tampoco tiene género el persa. ¿Usted cree que la sociedad en Irán es igualitaria? Bueno, no solo no hay visibilidad de la mujer, sino que las tapan; y carece de género, jamás ha tenido ninguna marca parecida a blanco-blancanegro-negrapresidente-presidenta, jamás.
«Entonces, hay lenguas con dos géneros como el español, con algunos residuos de neutro; hay lenguas con tres géneros: masculino, femenino, neutro, como el latín; hay lenguas con cuatro o más géneros que marcan masculino, femenino, neutro, masculinos animados, femeninos animados, como el polaco; o sea, es totalmente arbitrario, no tiene que ver con la distinción de sexos ni con igualdad entre sexos».

miércoles, 4 de septiembre de 2019

El dueño de Alibaba exige jornadas laborales de horas seis días a la semana

LA NACION

13 de abril 2019  

Polémico: el dueño de Alibaba exige jornadas laborales de  horas seis días a la semana

l multimillonario Jack Ma exige a su personal en la mayor plataforma de comercio electrónico de China, Alibaba Group Holding Ltd., trabajar 12 horas al día, seis días a la semana, un total de 72 horas semanales.
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El empresario del holding chino que aglutina a Alibaba, Aliexpress y a otras 15 empresas, dijo en una reunión interna que el grupo no necesita personas que esperen una típica vida de oficina de ocho horas, según una publicación en la cuenta oficial de Alibaba en la plataforma Weibo, la red social china de mayor alcance. De esta maneras apoyó la cultura de trabajo de la industria llamada "996", es decir, de 9 a 21, seis días a la semana.
El hombre más rico de China fue más allá. "Poder trabajar 996 es una gran dicha", dijo. "Si quieres unirte a Alibaba, debes estar preparado para trabajar 12 horas al día, de lo contrario, ¿por qué te molestas en unirte?".
Según la agencia de noticias económicas Bloomberg, sus palabras se dan en el contexto de un sector industrial lleno de historias de programadores y fundadores de nuevas empresas que mueren inesperadamente debido a largas horas de trabajo y fuerte estrés.

Las repercusiones

Los comentarios de Ma provocaron una reacción inmediata. "Un montón de tonterías, y ni siquiera mencionó si la compañía ofrece compensación por horas las extra", escribió un comentarista en la publicación de Weibo. "Espero que las personas se adherirán a la ley, y no a su propio razonamiento", agregó el usuario.
"Los jefes hacen '996' porque trabajan para sí mismos y su riqueza está creciendo", se lee en otro comentario. Los representantes de Alibaba no respondieron hasta el momento a ninguna de las distintas respuestas.
Los comentarios de Ma se producen en medio de un feroz debate. Los programadores en China protestaron por sus condiciones laborales en una comunidad digital llamada Ghithub dedicada a programadores en donde se comparten códigos de programación. Ahí compartieron un mensaje que decía "996.ICU", en referencia a la modalidad de trabajo de nueva horas por día, seis días a la semana. El mensaje circuló rápidamente y se convirtió en el más popular del sitio, con más de 211.000 estrellas.
En esta plataforma los mensajes también se multiplicaron a raíz de la protesta virtual. "Al seguir el programa de trabajo del '996 ', estamos a punto de ingresar a la UCI [Unidad de Cuidados Intensivos]", según una irónica descripción publicada en la página del proyecto "996.ICU". El usuario, cuya identidad es desconocida, pidió a los trabajadores de tecnología que presenten ejemplos de empresas que abusan del personal exigiendo horas extraordinarias sin compensación. Alibaba y su filial financiera Ant Financial fueron ambas nombradas.

lunes, 2 de septiembre de 2019

No es el fuego, es el capitalismo


Opinión
No es el fuego, es el capitalismo











































El capitalismo ha entrado en una fase de descomposición que hace imposible, si quiere mantener la tasa de ganancia, garantizar la reproducción de la vida en condiciones dignas. El modo de producción capitalista sólo puede mantenerse a costa de la explotación de las personas y de la naturaleza. La economía se financiariza y uberiza, explotando a un cada vez mayor porcentaje de la población mundial, al mismo tiempo que la minería y el agronegocio van destruyendo nuestras montañas, lagos y bosques, fundamentales para regular el clima y proveer alimentos y agua.
Al mismo tiempo, y como bien señalaba Gramsci, es en los momentos de crisis como este, donde lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer, cuando surgen los monstruos. La trumpización de la política es ya una realidad.
Es por todo lo anterior que en Brasil, y tras la aplicación de un golpe parlamentario contra Dilma y el lawfare contra Lula, ha surgido un monstruo como Bolsonaro, que avanza a paso firme en la destrucción social y ambiental del país más grande, geográfica y económicamente, de América Latina.
Los incendios que surcan la Amazonía, pulmón del planeta, son la cristalización del nuevo tiempo que nos toca vivir. Son más que un síntoma, son la metástasis de este mundo de monstruos regido por el modo de producción capitalista.
En primer lugar, no podemos obviar que Bolsonaro llegó al gobierno apoyado por la coalición BBB (Biblia, bala, buey), la unión de sectores evangélicos, milicias paramilitares y agronegocio. Y a ellos se debe y para ellos está modificando las leyes. En el caso del agronegocio, le recompensó entregándoles el control sobre agricultura, medio ambiente y pueblo indígenas.
El resultado: alrededor de 75 mil incendios en la Amazonia en los menos de 250 días que Bolsonaro lleva en el gobierno, la mayoría de ellos provocados con el objetivo de deforestar bosque y expandir el territorio del agronegocio, incendios que ya han afectado más de 3 mil kilómetros cuadrados de superficie.
El desastre ambiental es ya un hecho en un Amazonas que con su sola existencia impide la desertificación de toda su cuenca, conformada por 8 países: Brasil, Bolivia, Perú, Colombia, Ecuador, Venezuela y Surinam. Un Amazonas que produce 20 por ciento del oxígeno que respira el planeta, y captura asimismo otro 20 por ciento del CO₂, que es emitido a la atmósfera en la medida en que los árboles se van quemando, aumentando el calentamiento global.
Antes de la destrucción ambiental, y en menos de nueve meses de gobierno, Bolsonaro ya ha consumado una destrucción social en Brasil. La ofensiva contra los derechos sociales no tiene precedente. Desde la defensa de la dictadura militar o la tortura, a la legalización de facto de la posesión de armas, la flexibilización laboral, el recorte a las pensiones o la privatización de la educación universitaria.
En cualquier caso, que las ramas no nos impidan ver el bosque (si es que no se quema antes).
El debate en torno a la quema de la Amazonia está cargado de hipocresía. Desde quienes nunca denunciaron el encarcelamiento de Lula (germen de la tragedia social y ambiental que vive Brasil hoy), hasta veganos que critican a quienes consumen carne, pero no denuncian la explotación laboral de la clase trabajadora, especialmente quienes en el campo producen los vegetales que consumimos en las ciudades. Por no hablar, en un plano más estructural, de la hipocresía de los países del norte que quieren convertir a los países del sur en sus guardabosques. Un norte que pudo crecer y hacer sus revoluciones industriales y tecnológicas a costa de la explotación de los pueblos y recursos naturales del sur.
El debate sobre el modelo de desarrollo es uno de los grandes pendientes que tenemos como humanidad. El equilibrio entre el derecho al desarrollo, a sacar a cientos de millones de personas de la pobreza, y los derechos de la Madre Tierra, es un debate todavía no resuelto.
Es un debate en el que las responsabilidades deben ser compartidas, pero diferenciadas entre norte y sur. El 10 por ciento más rico de la población genera 50 por ciento de las emisiones de CO₂, mientras que la mitad más pobre de la población mundial genera tan sólo 10 por ciento de las emisiones. Está claro quienes son los responsables del problema y quienes deben ser los primeros en buscar soluciones.
Mientras tanto, algunas certezas sí tenemos. La solución no pasa por ningún tipo de capitalismo verde, ni mucho menos por soluciones individuales que satisfagan nuestras conciencias, pero no generen cambios estructurales. Las soluciones deben ser colectivas y pasan por replantear el modelo de desarrollo y modo de producción capitalista, para preocuparnos por la supervivencia de la Madre Tierra, entendida esta como la unión entre la humanidad y la naturaleza con la que compartimos el planeta.
Tenía razón Fredric Jameson cuando decía que es más fácil imaginarse el fin del mundo que el fin del capitalismo. Esa es la gran victoria cultural de un sistema que parece adentrarse en una obsolescencia no programada. Aunque es probable al paso que vamos que antes se consuma el planeta, y con él la humanidad entera, pero mientras haya un resquicio de esperanza para la acción, no nos confundamos, no es el fuego, es el capitalismo.
*Politólogo especialistaen América Latina

Ciencia y desarrollo industrial para un país como México


Ciencia y desarrollo industrial para un país como México
El papel de la investigación científica


Luis de la Peña y Ana María Cetto

De lo dicho en el artículo anterior titulado Avances tecnológicos en el mundo (Lunes en la Ciencia, número 133) vemos que un país moderno es uno con una industria de base científica que trabaja y produce desde la vanguardia tecnológica. Es un país con una ciencia activa, estrechamente vinculada a la producción (recordemos que nos estamos refiriendo específicamente a las ciencias naturales básicas; el papel social que juegan las ciencias sociales y humanidades es otro, y muy distinto). Tan estrecho es este vínculo que una parte de la investigación, la mayoritaria en los países más desarrollados, se realiza en los laboratorios industriales y da lugar a un flujo inmenso de patentes y registros. El resto de la actividad científica, tanto fundamental como aplicada, es tarea de las universidades y laboratorios nacionales de investigación.
En este balance hemos dejado de lado intencionalmente la investigación con objetivos militares, que es -o fue al menos durante las décadas de la guerra fría- la que absorbe la parte del león del presupuesto de investigación y desarrollo en varios de los países desarrollados. También en esto el siglo que se va superó con creces a los anteriores, pues en él cientos de millares de científicos e ingenieros ocuparon su talento en crear para la guerra. De hecho, parte de la tragedia humana es que a lo largo de su historia la invención y la investigación para la guerra han ocupado a muchas de sus mejores mentes y han sido la fuente de muchos de sus avances. Sirvan los casos de Arquímedes y Leonardo da Vinci de ejemplos de la persistencia de este hecho, sin olvidar el bello contraejemplo de Faraday, quien se negó rotundamente a realizar cualquier investigación con fines bélicos.

Época de oro
Hasta aquí hemos visto la historia desde un solo ángulo. El siglo XX fue también rico, riquísimo, en lo que se refiere al avance y adquisición del conocimiento, entendido como actividad realizada por y para la ciencia; para franquear los límites del saber, para satisfacer una necesidad intelectual, no una necesidad material. No sólo las viejas ciencias heredadas del período anterior (la astronomía, la biología, la física, las matemáticas, la química) se desarrollaron impetuosamente, sino ramas enteras del conocimiento, subdisciplinas e interdisciplinas, emergieron o florecieron durante este siglo. Citemos a título de ejemplo la biología celular, la química orgánica, la geofísica, la radioastronomía, la cibernética, etcétera. La magnitud del esfuerzo científico realizado por la humanidad durante el siglo XX puede percibirse trayendo a colación un solo dato: el número de científicos activos en el mundo en este preciso momento excede el total acumulado de todos los científicos que existieron en la historia anterior de la humanidad.
La atención creciente que nuestra civilización ha dado a la investigación científica como vía para entender a la naturaleza, al hombre y a la sociedad, ha transformado esta actividad en una de sus más meritorias características, comparable sólo a su actividad artística o filosófica. Sus frutos han sido inmensos. Citaremos brevemente como referencia algunos de los resultados que se dieron durante el siglo XX en el campo de la física. La selección de esta especialidad refleja indudablemente la información a la mano de los autores, pero se justifica por el hecho de que fue este campo el que dejó mayor marca en nuestra cultura durante la centuria.
En este campo (aunque no sólo en él) el siglo XIX fue un período de extraordinarios descubrimientos y avances, incluso algunos verdaderamente revolucionarios, como la teoría electromagnética de Faraday y Maxwell o el descubrimiento del electrón por Thomson, de manera que al abrirse el siglo XX los físicos se encontraban en condiciones de explorar nuevos espacios en la búsqueda de respuestas apropiadas a las múltiples dudas y cuestiones que se les fueron presentando, particularmente al adentrarse en el mundo atómico. Hasta fines del XIX e inicios del XX la hipótesis atómica había sido sólo eso, una hipótesis no verificada, en la que muchos físicos, químicos, filósofos (y poetas) veían una cómoda manera de hablar, pero no una realidad física que la sustentara. Fue sólo hasta cerca de 1910 cuando el físico francés Jean Perrin pudo mostrar experimentalmente la realidad de las moléculas, a partir de una idea y método propuesto por el joven Einstein.
Habremos de mantener a Einstein en la escena, pues la primera gran revolución de la física del siglo XX se da con el advenimiento de su teoría de la relatividad, la cual, entre otras cosas, dio origen a la primera teoría general de nuestro universo. Vino poco después la teoría cuántica a desentrañar los misterios del átomo y los electrones, y aportar la herramienta más importante para el avance de la propia física y la química, además de un sinnúmero de ramas aplicadas o aplicables, como la ciencia de materiales, la metalurgia, la electrónica de estado sólido (y los chips), la óptica cuántica (y el láser), etcétera, o bien, del lado teórico, la moderna teoría de campos y la de las partículas elementales.
Esta actividad que podemos llamar puramente científica, movida por factores profundamente humanos como la curiosidad y la necesidad intelectual de entender nuestro mundo y nuestro lugar en la naturaleza y en la sociedad, se realiza primordialmente en las universidades e instituciones similares de investigación, y sus fondos provienen en lo esencial de los gobiernos centrales o locales. El hecho mismo de que los gobiernos apoyen esta actividad es muestra de la importancia social que se le asigna.
Un rasgo característico de la cultura de nuestra época es que la ciencia forma parte central de ella, cuando se le concibe como actividad intelectual para la superación del ser humano y no sólo con una visión utilitaria. Con el tiempo se aprendió que no hay mejor sitio para realizar esta función que las universidades, en las que encuentra su nicho natural. De hecho, podemos decir que la universidad moderna surge cuando Wilhelm von Humboldt tuvo la renovadora iniciativa de abrir la universidad alemana a la investigación y hacer de ésta una de sus tareas específicas. Pese a que la ciencia clásica fue resultado de la actividad creadora casi exclusiva de los países centrales de Europa, hoy en día las universidades públicas de todo el mundo reconocen a la ciencia como tarea central y se preocupan por hacer investigación.

Variantes de la investigación científica
Es importante insistir en el hecho de que la investigación científica universitaria y la realizada para la industria son en esencia la misma actividad, aunque se diferencian (y profundamente) por sus objetivos finales y motivaciones. Una trabaja para extender los límites del conocimiento y está motivada por principios y fines científicos. El personal que realiza la otra puede en ocasiones tener inquietudes, pero la institución a la que pertenece persigue fines utilitarios inmediatos. Pese a ello, la hermandad de principio de estas dos formas modernas de hacer ciencia puede percibirse recordando lo que se refirió líneas arriba sobre el trabajo de algunos premios Nobel.
Tal vez sea oportuno traer a colación otro ejemplo ilustrativo para reforzar el argumento. Uno de los descubrimientos astronómicos cruciales realizados en el curso del agotado siglo XX fue la confirmación experimental de la existencia del ruido cósmico, ese ruido electromagnético que mantiene a nuestro universo a 4 grados absolutos (es decir, menos 269Ŷ centígrados), cuya existencia da solidez a la teoría astronómica más importante del siglo XX, la del big-bang, y confirma que vivimos en un universo en expansión. El punto está en que esta observación central de la astronomía no fue realizada por personal de un observatorio astronómico, sino por accidente (serendipia, en términos más apropiados) por un par de investigadores (A. Penzias y R.W. Wilson, en 1965) que trabajaban en un proyecto de telecomunicaciones en los laboratorios de la empresa Bell Telephone.
En otra ocasión se hablará en torno a si existe o no un desarrollo científico y tecnológico en México.
Los autores son investigadores del Instituto de Física de la UNAM


lunes, 26 de agosto de 2019

Mitos e ilusiones de la ciencia





      
CUADERNOS           
El Bachiller
ACTUALIDADES CIENTÍFICAS              Número 1
Agosto 2019

  






En esta ocasión a través de Cuadernos El Bachi


En esta ocasión a través de Cuadernos El  Bachiller  presentamos un artículo  de excelente manufactura titulado Mitos e ilusiones de la ciencia, de Pablo Johnson, que fue publicado originalmente en Le Monde Diplomatique en junio de 2010, correspondiente al Año IV, no 37. Cabe señalar que Le Monde Diplomatique es la sección mensual del diario francés Le Monde. Esta  sección presenta artículos de fondo de análisis del acontecer mundial respecto a política, economía, sociología etc.
Mitos e ilusiones de la ciencia nos plantea de manera magistral como es que en la sociedad actual existe el mito de que la ciencia avanza sin cesar; sin embargo, el quehacer científico está preso de grandes contradicciones; debido a que en los procesos de investigación interviene una multiplicidad de factores como los problemas éticos, económicos, políticos. Por tal motivo la evolución de la ciencia no resulta un proyecto coherente concebido por un puñado de personalidades y en un determinado lugar; además la práctica  científica contemporánea, contrariamente a lo que muchas personas creen, debido a que tiene una visión positivista de la realidad, no tiene como finalidad descubrir y describir el mundo tal cual es; ya que el desarrollo de la tecnología y a la capacidad de los laboratorios actuales ha hecho posible la creación y recreación de mundos tecnoartificiales.
Además Pablo Johnson nos menciona que uno de los grandes problemas que tiene el desarrollo de la ciencia es la actitud de los industriales cuya competencia entre ellos, genera una grave crisis de confiabilidad en los  avances científicos. 
Creo que hay de dejar claro que, Pablo Johnson escribió este artículo para la sociedad ilustrada de Francia, pues menciona que las controversias científicas existentes en la actualidad, se presentan ante una sociedad civil que ya no acepta el papel de simple espectadora pasiva, pero esto no quiere decir que los ciudadanos tengan una amplia visión científica, puesto que la ciudadanía es altamente influenciable por los diversos problemas sociales o referentes al medio ambiente; y, que por ello, es sumamente cambiante de opinión.              
Finalmente Mitos e ilusiones de la ciencia es un artículo  de interés para los estudiantes de ciencia contemporánea y para la comunidad escolar de nuestra Preparatoria.
Ismael Contreras Plata   
 
Ismael Contreras Plata  




Mitos e ilusiones de la ciencia

Escribe: Pablo Jensen * | Soc

























La creencia en que la ciencia avanza sin cesar en el conocimiento de una realidad estable, limitada y siempre igual a sí misma es de un candor insostenible, heredero del optimismo del siglo XIX.
Las ciencias experimentan dificultades para encontrar su lugar en la sociedad. El ejemplo de las actuales controversias sobre las biotecnologías lo ilustra bien: los biólogos se encuentran entre dos fuegos; desde ambos lados les cuestionan su aislamiento en la torre de marfil de la investigación “fundamental”. Por un lado, el poder económico privilegia, a través de algunos financiamientos, la investigación con objetivos de aplicación, y exige el secreto y la inscripción en patentes. Por el otro, el público rechaza el papel de espectador pasivo que durante mucho tiempo se le ha asignado, y se rebela contra algunas ignorancias científicas, por ejemplo, sobre los efectos de los organismos genéticamente modificados (OGM) en pleno campo. Todos los ámbitos científicos se encuentran presos de esta contradicción, que remite al viejo ideal de la ciencia pura, rechazando las “deformaciones inherentes a las contingencias económicas y sociales” (1). En estos últimos años, los estudios de historia social de la ciencia, que iniciaron con gran vigor Alexandre Koyré y luego Thomas Kuhn (2), renovaron totalmente el enfoque de estas cuestiones y, más ampliamente, la manera de concebir el lugar de la ciencia en la sociedad.
Estos trabajos se refieren en primer lugar a la Revolución Científica, que está en el origen de las ciencias modernas, con frecuencia presentada como la victoria de la razón frente, especialmente, a una iglesia oscurantista. Un error. La mayor parte de los sabios como, por ejemplo, Isaac Newton, eran profundamente creyentes y pensaban que “descubrir las leyes de la Naturaleza gracias a la física es descubrir las obras de una providencia soberanamente inteligente, es convencerse de que la organización del mundo no es producto del azar” (3). Mucho más que en el surgimiento repentino de la Luz, es en la declinación de las antiguas jerarquías –gracias a la difusión de las ideas por la imprenta– y en la agitación suscitada por el descubrimiento del Nuevo Mundo donde hay que buscar la fuente de esta Revolución. Entonces, las nuevas ciencias abandonaron la concepción de la Naturaleza como una maravilla gobernada por principios ocultos, para imaginarla parecida a una gigantesca máquina. Una máquina que sigue leyes regulares y necesarias, susceptibles de ser traducidas a un lenguaje matemático, y cuyo conocimiento hace posible la previsión y, por lo tanto, acciones racionalmente fundadas. Lo que no impidió que la visión mecanicista de la Naturaleza se mantuviera durante mucho tiempo… como un acto de fe (4), incapaz de explicar fenómenos tan familiares como la cohesión de los materiales, la caída de los cuerpos o las mareas.
El pensamiento mecanicista, inspirado tanto en la tecnología como en la religión, permitió construir un saber eficaz, dirigido al control del mundo, precisamente en el momento en que se producían la expansión colonial y la primera Revolución Industrial. Los universos científicos, técnicos y el de los poderes económicos o políticos estuvieron entonces profundamente imbricados, ya que las ciencias contribuían al control ejercido por los Estados, a las actividades de producción y a las operaciones militares. El desarrollo de las ciencias, como lo han demostrado los estudios empíricos (5), está asociado a lugares de poder muy diversos, desde un ducado florentino hasta una revista internacional. Algunos ejemplos permiten abandonar la imagen etérea del sabio razonando por sí mismo y libre de cualquier contexto. Porque se insertó en el espacio de libertad que representaba la Corte, Galileo pudo “armar” un nuevo papel social y cultural, el del filósofo matemático del gran duque de Toscana, y así legitimar la utilización de las matemáticas, dando vuelta las jerarquías aceptadas hasta entonces (en la Universidad legada por Aristóteles, a los matemáticos se les pagaba siete veces menos que a los filósofos). Dentro de la RAND Corporation –institución de investigación típica de la ciencia estadounidense de la posguerra, dirigida por los militares– la colaboración entre físicos, matemáticos, ingenieros y economistas fue determinante para la implementación de la economía matemática moderna y su fetichismo del mercado racional. Los editores de la revista Nature, al seleccionar los “buenos” artículos antes de cualquier examen por los pares, influyeron con su prestigio en la política científica a nivel mundial.
La evolución de las ciencias no resulta de un proyecto coherente concebido en un determinado lugar, sino de cambios globales, producidos tanto por los productores de saber como por las potencias temporales y espirituales. Cada actor persigue sus propios intereses y trata de aprovechar lo que se modifica en su entorno. Así, surgen nuevas visiones científicas del mundo, aprovechando conjunciones singulares, algunas de las cuales “prenden” cuando, por razones complejas, logran reclutar a numerosos actores, tanto sociales como naturales. La historia de las ciencias se parece a la del lecho de un curso de agua, construido por innumerables conjunciones geológicas. Con muchos accidentes, obstáculos y desvíos. Una visión muy diferente de la propuesta por la historia habitual (6), que describe los adelantos de las ciencias como el descubrimiento progresivo de una Naturaleza fija. Como si el río “descubriera” su lecho actual, corriendo inevitablemente desde su fuente a la desembocadura. Pero el río Loire, por más sorprendente que pueda parecer, pasaba antes por lo que mucho más tarde se llamaría París. La historia realista de las ciencias está llena de suspenso, de sorpresas y de tumbos.
A veces, estos estudios sociales de las ciencias y de sus consecuencias políticas son acusados de no ser más que anecdóticos, porque no abordan lo que puede considerarse como el corazón de las ciencias: los objetos que ellas “descubren”, átomos o microbios. Esta objeción requiere varias respuestas. En primer lugar, la práctica efectiva de las ciencias no apunta sólo a describir el mundo tal como es, sino a crear, gracias a los laboratorios, un mundo tecno-artificial donde sus conceptos son operacionales. Esta tendencia, dominante hoy en día, caracteriza a la ciencia moderna desde sus comienzos. Galileo privilegia el estudio del movimiento en un mundo idealizado donde las fricciones no existen, desencadenando las protestas de los aristotélicos, para quienes la física debía ocuparse del mundo real y no de un mundo artificial, aunque resultara práctico para los matemáticos. Además, la noción de “descubrimiento” es ingenua. No extrae las consecuencias de un hecho ya bien establecido: en el fondo, la “realidad” siempre se nos escapa, porque lo que conocemos mezcla indisociablemente la realidad y nuestros instrumentos de conocimiento, ellos mismos ligados a la sociedad que los ha puesto de manifiesto. Reconocer estos límites conduce a una verdadera historicidad de los hechos científicos, interpretados como dispositivos que mezclan esos tres elementos. Así, los microbios de Pasteur no son los nuestros: tamizados por aparatos y teorías diferentes, son mucho más diferenciados, y algunos se convierten en virus. En cuanto a los átomos, constituyen una visión de la materia que sigue pegada a los materiales purificados producidos por los laboratorios modernos. Esto no significa de ninguna manera, contrariamente a lo que algunos teóricos han anticipado, que esas entidades sean ilusorias: se comportan bien en los laboratorios y siguen siendo un elemento esencial en la construcción de los “hechos” científicos. Pero las características que les conocemos no agotan su realidad: de cierta manera, estas entidades se expresan bien por sí mismas, pero nunca dicen todo lo que saben…
Siguiendo a los investigadores en sus gestos cotidianos, mirándolos fabricar objetos y sentidos en universos sociales y políticos diversos, esos trabajos, que se desarrollan desde hace una treintena de años, muestran que la ciencia no descubre “el” mundo, sino que construye mundos que mantiene juntos a humanos, máquinas y objetos naturales. En cuanto a las ciencias puras, nunca siguen siéndolo durante mucho tiempo. El ideal de un saber neutro, autónomo de los demás universos sociales, fue resaltado por los propios sabios en el siglo XIX para colocarse por encima de la pelea, precisamente en el momento en que su inserción en el mundo socioeconómico se intensificaba (7).
Una vez parcialmente disipadas estas múltiples ilusiones, fue posible tratar de integrar mejor las ciencias al debate democrático. Las grandes controversias científicas ya no se resumen en confrontaciones entre sabios racionales y un público oscurantista. Corresponden más bien a debates políticos entre partidarios de los diferentes mundos posibles. Ya se trate de terapias genéticas, de nanotecnologías o de OGM, ahora resulta más evidente que nunca que esos adelantos científicos no deben ser juzgados separadamente del sistema social en el cual están insertos (8). ¿Cómo asociar a los investigadores a una sociedad civil que ya no acepta el papel de espectador pasivo, pero que a veces es muy influenciable y versátil, como lo han mostrado los cambios de opinión sobre el calentamiento climático, al mismo tiempo que se salvaguarda la autonomía con relación a las presiones económicas? Para Isabelle Stengers, una solución posible consiste en centrar la definición de las ciencias en la construcción de pruebas confiables (9). Los industriales amenazan la confiabilidad con una exigencia más fuerte, la de la competitividad; mientras el público demanda la extensión de este tipo de pruebas hacia el exterior del laboratorio. Aunque ya existen varias pistas, como las conferencias ciudadanas o la separación de los poderes sugerida por Bruno Latour (10), las formas concretas que puede revestir tal implicación del público están por inventarse.
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1 Informe de síntesis del movimiento “Sauvons la recherche“ (http://cip-etats-generaux.apinc.org/IMG/pdf/ synthese-finale-EG.pdf).
2 Véase Alexandre Koyré, Du monde clos à l’univers infini, PUF -63 Gallimard, París, 2005; Thomas Kuhn, La structure des révolutions scientifiques, Flammarion, París, 2008.
3 Simone Mazauric, Histoire des sciences à l’époque moderne, Armand Colin, París, 2009.
4 Mary Midgley, Science As Salvation: A Modern Myth and Its Meaning, Routledge, Oxford, 1992.
5 Dominique Pestre, Introduction aux sciences studies, La Découverte, París, 2006.
6 Puede encontrarse un ejemplo caricaturesco en la obra dirigida por Georges Barthélémy, Histoires des sciences, Ellipses, París, 2009.
7 Dominique Pestre, op. cit.
8 Christophe Bonneuil y colaboradores, “Innover autrement? La recherche face à l’avènement d’un nouveau régime de production et de régulation des savoirs en génétique végétale“, en Dossier de l’environnement de l’INRA, Nº 30, Editions Quae, Versailles, 2005 (www.inra.fr/dpenv/pdf/BonneuilD30.pdf).
9 Isabelle Stengers, La Vierge et le neutrino: Les scientifiques dans la tourmente, Empêcheurs de Penser en Rond, París, 2006.
10 Bruno Latour, Politiques de la Nature, La Découverte, 1999.
(*) Artículo extraído de la versión peruana de Le Monde Diplomatique.