lunes, 22 de marzo de 2021

La jornada 

Opinión 

Jueves 27 de junio de 2013

De fascistas y nazis

Hay una tendencia a confundir y meter en el mismo saco los regímenes de Mussolini, Hitler, Franco, Salazar y Horthy, entre otros dictadores europeos del siglo XX. No fueron iguales y en algunos aspectos ni siquiera parecidos. Sin embargo, a todos ellos se les ha llamado fascistas, que es un término usado para generalizar sus diversas formas y expresiones en el mundo y en ciertas corrientes en América Latina, incluso en México. Muchos católicos, por cierto, vieron con buenos ojos el fascismo: por haber sido apoyado por el Vaticano y porque era anticomunista además de nacionalista.

Entre sus semejanzas destaca, sin lugar a dudas, el nacionalismo. Éste fue tema obligado desde el inicio de la Primera Guerra Mundial y más todavía después de ésta. Las corrientes políticas dominantes, tanto de la derecha como de la izquierda reformista de la Segunda Internacional, estuvieron no sólo a favor de la guerra sino que la calificaron como una guerra entre naciones. La izquierda radical de la Segunda Internacional, en cambio, se expresó claramente contra la guerra desde septiembre de 1915. El argumento de esta izquierda (dirigida principalmente por Lenin) era, dicho esquemáticamente, que se trataba de una guerra entre las burguesías imperialistas en la que los más perjudicados serían los trabajadores. Y así ocurrió.

Al final de la guerra todos los países cayeron en diferentes grados de nacionalismo intransigente, entre otras razones porque la moral y las condiciones de la población de los países europeos combatientes estaban muy deterioradas. Una forma de contrarrestarlas fue una intensa campaña nacionalista, chovinista de hecho, y en algunos países como Alemania, mediante el revanchismo por los efectos no sólo de haber perdido la guerra sino por los costos que le significó el Tratado de Versalles.

Con la crisis que se extendió en Europa, la economía basada en el liberalismo fue vista como un obs­táculo para la reconstrucción de los países beligerantes. Sólo Estados Unidos se vio beneficiado con la guerra, por ser el gran acreedor de los europeos. La intervención del Estado fue vista como una solución y de ella se valieron los fascistas italianos y los nazis alemanes para constituirse en fuerzas hegemónicas. El estatismo fue, para decirlo rápidamente, la fórmula de la reconstrucción, pero no un estatismo tipo soviético (para sustituir la propiedad privada de los medios de producción), sino de tipo personal ( il Duce, der Führer, el caudillo) y crecientemente autoritario.

El fascismo italiano, primero en instalarse en Europa, fue un movimiento tan nacionalista como anticomunista, lo cual le valió apoyos en muchos países, Gran Bretaña y Estados Unidos incluidos y, obviamente, del Vaticano, cuyo papa Pío XI no sólo llamó a votar por Mussolini sino que dijo que éste era un hombre enviado por la Providencia. Las burguesías europeas y algunas de Estados Unidos vieron en el fascismo un enemigo crecientemente poderoso de los comunistas y de los socialistas, un enemigo que usaba la violencia, que podía imponerse por medio de ésta y de su organización paramilitar a los trabajadores. Uno de los teóricos del fascismo italiano, Alfredo Rocco, logró una síntesis muy clara de su visión del ya entonces poder fascista (1925). El fascismo, dijo Rocco, ha tenido una virtud histórica: “restablecer el equilibrio entre las clases, interponerse entre las clases en la situación de un árbitro y moderador, de manera a impedir que una de ellas venza a la otra e impedir también el debilitamiento del Estado…” De aquí el rechazo al liberalismo que permitía la lucha de clases en su flexibilidad política, y de aquí también la glorificación del Estado como un supuesto árbitro que sólo velaba por el interés de la nación. El ideal del fascismo era la absoluta unidad bajo el Estado, por lo que la tendencia al totalitarismo estaba en su perspectiva inmediata y el hombre fuerte, apoyado por las armas (y las masas organizadas), sería su garantía. La idea del Estado totalitario fue acuñada en la Italia fascista en contraposición al Estado liberal, como bien lo señalara Mario Stoppino.Suele pensarse que el fascismo en sus diferentes expresiones fue religioso. No es exacto, salvo en España, donde Franco fue el caudillo por la gracia de Dios y el catolicismo la religión oficial. Del fascismo y del nazismo no se escapó siquiera la religión católica. Aunque Mussolini dijo (retóricamente) que el Estado era católico, añadió que también era exclusiva y esencialmente fascista. Con Alemania la Iglesia tuvo mayores problemas, mismos que muchos católicos, por ejemplo de México, no percibieron al apoyar a Hitler. El muy conservador papa Pío XI, el mismísimo que apoyara a Mussolini y que incitara a la Guerra Cristera en México con su encíclica Iniquis afflictisque de 1926, dirigió una poco divulgada encíclica sobre todo a la clerecía alemana (1937), cuyo solo título revela la inquietud del Vaticano por la evolución del nazismo alemán después del acuerdo de 1933 entre la Santa Sede y el Reich. Fue la única encíclica titulada en alemán: Mit Brennender Sorge ( Con ardiente preocupación), referida, en ese caso, a la defensa de la Iglesia y el catolicismo ante las amenazas del gobierno alemán. Pocos, si algunos, se enteraron de esa encíclica en otras latitudes y menos todavía que la última encíclica de ese papa, que quedó en borrador porque falleció, condenaba el antisemitismo de los nazis.

El racismo, que es otro aspecto reprobable de los fascismos europeos, tampoco fue generalizado. En Italia se impuso sobre todo a partir de la ocupación alemana. En España y en Portugal prácticamente no existió, en Hungría el mismo Horthy no coincidía con el antijudaísmo de algunos de sus ministros, aunque terminó asumiéndolo (relativamente) a cambio de la ayuda económica de Alemania. En este país, en cambio, el régimen persiguió y asesinó a comunistas, católicos, judíos y gitanos (el Holocausto).

Finalmente, el fascismo en sus distintas expresiones, como en otros regímenes totalitarios, significó la proscripción de los partidos políticos, salvo el oficial; se coartó la libertad de prensa, se suspendieron los derechos sindicales y se hizo uso generalizado de la violencia contra todo tipo de oposición. Surgió el Estado corporativo y totalitario al cual debía subordinarse el individuo.

Parafraseando un texto de Gilbert Badia, los fascistas lograron convertir los resentimientos y temores de origen económico, sobre todo entre las víctimas de la acumulación capitalista y de sus crisis, hacia la esfera extraeconómica: anticomunismo, racismo, antisemitismo, xenofobia que, en el caso del fascismo alemán (nazismo), fueron sus características más patológicas. Aun así tuvo seguidores y, tristemente, todavía los tiene aunque no conozcan su historia, o tal vez porque no la conocen.


domingo, 21 de marzo de 2021

 

EL UNIVERSAL

OPINIÓN 18/09/2018   03:40    ACTUALIZADA  13:48

Opinión vs. evidencia*

Catalina Pérez Correa

 

Hace unos días se publicaron los resultados de una encuesta del Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública (CESOP) de la Cámara de Diputados sobre las fuerzas armadas. Los datos muestran lo que otros estudios han señalado: que las fuerzas armadas gozan de buena opinión y confianza ciudadana, mientras que las policías y otras instituciones civiles son peor evaluadas. Según la encuesta, 66% de las personas entrevistadas dio al Ejercito una calificación de 7 o más. En el caso de la Marina, 84% calificó a esa institución con 7 o más. Para la Policía Federal y la municipal las calificaciones fueron notablemente más bajas: 51% y 32% de los encuestados otorgó una nota de 7 o más respectivamente. A la pregunta ¿Cree usted que el Ejército Mexicano y la Secretaría de Marina deberían seguir realizando labores de seguridad y patrullaje en calles y carreteras del país? 82% de los encuestados respondió que sí.

Estos resultados se han usado para justificar la permanencia del Ejército y la Marina en labores de seguridad pública, que corresponden constitucionalmente a las policías civiles. Argumentos similares se usaron para justificar la aprobación —y ahora permanencia— de la Ley de Seguridad Interior. “La gente los quiere en las calles”, repiten sus promotores.

Usar encuestas de opinión para sustentar políticas públicas tiene sus problemas. Pensemos en otros datos que arrojó la reciente encuesta de CESOP: solo 37% de los encuestados dio una calificación de 7 o más a los jueces y 35% a los ministerios públicos. ¿Significa esto que los marinos y soldados deben ser jueces y ministerios públicos además de policías? Otra encuesta del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM (2016), mostró que por debajo de las policías y los ministerios públicos están los diputados federales, el Presidente de la República y los partidos políticos como las instituciones peor evaluadas en términos de confianza ciudadana. ¿Eliminamos también a estas instituciones por ser impopulares? ¿Entregamos la facultad de legislar a los ministerios públicos o a las policías que tienen mejor calificación que los diputados? ¿Por qué funciona el planteamiento para sustituir policías con militares pero no para sustituir diputados con policías?

Quizás el problema está en considerar militares y policías como intercambiables: ambos son, al fin de cuentas cuerpos de seguridad uniformados, armados y facultados para usar la violencia. Sin embargo, no son permutables. El entrenamiento y equipo de los militares es de guerra: para enfrentar y eliminar a un enemigo, para hacer uso de la fuerza letal. Los policías en cambio, están equipados y entrenados para prevenir e investigar infracciones a la ley, para detener y traer a juicio a infractores. Los militares se despliegan temporalmente en un territorio. Rara vez permanecen en él. Los policías, en cambio, suelen trabajar en su comunidad, ciudad o estado. Cuando se quitan el uniforme, permanecen en las mismas comunidades donde patrullan y viven sus familias. La distinción no sólo es teórica. La evidencia muestra —de forma abrumadora— que la decisión de militarizar la seguridad pública ha generado más violencia, más violaciones de derechos humanos y el deterioro de las instituciones civiles.

Los políticos, sin embargo, insisten en capitalizar la popularidad militar —y la preferencia por las políticas de mano dura— a costa de la seguridad ciudadana. Ofrecen la militarización como solución inmediata, sin medir costos de largo plazo. Miles de millones de recursos se gastan en anuncios para mantener la buena imagen del Ejército y poder seguir sustentando la política fallida. Mientras, seguimos sin poner en marcha políticas de prevención y sin construir policías profesionales, prestigiadas, bien pagadas, entrenadas y equipadas. Más que políticas de seguridad basadas en la opinión pública, necesitamos políticas basadas en evidencia.

 

División de Estudios Jurídicos CIDE.
@ cataperezcorre


*El compartir este artículo tiene fines educativos. 

 

jueves, 11 de marzo de 2021

Los estereotipos negativos son una enfermedad social

 


Número 171

Jueves 7 de Octubre
de 2010

Los estereotipos negativos son una  enfermedad social

En una reciente visita a la ciudad de México, invitada por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Rebecca Cook, especialista en derechos humanos internacionales y cuestiones de género, elaboró un interesante análisis de los estereotipos que imponen cargas morales a las personas o les niegan beneficios sociales. En esta entrevista, la catedrática de Leyes de la Universidad de Toronto describe la naturaleza de los prejuicios más comunes, su articulación a partir de estereotipos prescriptivos, restrictivos o negativos, y sugiere las formas idóneas de desmantelarlos con el fin de erradicar las prácticas discriminatorias que padecen diversos sectores de la sociedad, particularmente las mujeres y las minorías sexuales

Carlos Bonfil


Profesora Cook, ¿cuáles son los estereotipos básicos que ubica usted en la sociedad y de qué manera pueden conducir a la discriminación?

Entre los diversos tipos de estereotipos que existen en la sociedad, figuran los estereotipos prescriptivos que requieren que los miembros de dicha sociedad actúen de ciertas maneras. En lo que se refiere a las mujeres, cada sociedad maneja códigos de modestia, castidad y obediencia. Algunos de estos códigos son muy sutiles, otros son más explícitos. Por ejemplo, la sociedad musulmana exige que las mujeres se cubran la cabeza con un velo, otras sociedades piden que la mujer lleve zapatos de tacón alto con el fin de transformarlas en objetos sexuales. Cada sociedad espera entonces que la mujer se comporte de un modo determinado. Y cuando ellas no lo hacen, se exponen a menudo a una represalia. Pero estos estereotipos prescriptivos varían mucho según se trate de mujeres jóvenes, pobres, adolescentes o maduras. Hay por supuesto muchos tipos de estereotipos compuestos.

¿Qué consecuencias pueden tener estos estereotipos sobre las personas?

Se habla de consecuencias cuando los estereotipos imponen una carga o niegan algún beneficio. Se trata entonces de formas de discriminación que las sociedades tiene la obligación de remediar. Bajo el convenio internacional que marca la eliminación de todas las formas de discriminación contra las mujeres, convenio que México ha firmado, existe la obligación de eliminar los estereotipos negativos que imponen una carga sobre las mujeres o le niegan beneficios. Por ejemplo, si una mujer no actúa de una manera determinada, puede llegar a tener alguna desventaja laboral. Esta es una forma en la que el estereotipo actúa en contra de las mujeres.

¿Se puede considerar que establecer estereotipos es parte de la naturaleza humana?

Efectivamente, es parte de la naturaleza humana. Todos establecemos estereotipos o hemos sido estereotipados. Lo hacemos para describir, para generalizar, para juzgar muy rápidamente a las personas; sin embargo, la vida es mucho más compleja que eso. También tenemos estereotipos para prescribir identidades, como en el caso de las mujeres, de las que esperamos cierto tipo de conducta, tienen que actuar como madres, como amas de casa, y cuando no lo hacen se exponen al castigo de la sociedad.  A los hombres también los castiga la sociedad cuando no actúan de acuerdo con el estereotipo de ser los proveedores del sustento en el hogar. Si los hombres desean quedarse en casa y cuidar de los niños, la sociedad lo reprueba. Esto quiere decir que cuando se actúa en sentido inverso a los estereotipos o a las normas de género, surge una reprobación social por ese tipo de conducta. Establecemos así estereotipos para describir, para prescribir y también para etiquetar a las personas, para señalarlos como “otros”. Cuando la gente es diferente a nosotros, lo que hacemos es marcar su “otredad”, los etiquetamos, los volvemos diferentes. Esto es un prejuicio y una acción malintencionada. Lo hacemos porque los juzgamos diferentes a nosotros, y para lidiar con ellos los colocamos en cajas negativas.

¿Qué papel juegan los medios de comunicación en esta tarea de prescribir estereotipos y restringir los derechos de las personas?

Los medios pueden jugar un papel muy importante en el desmantelamiento de los estereotipos. Pueden mostrar cómo hombres y mujeres, o subgrupos de mujeres, son tan humanos o valiosos como cualquier individuo o comunidad. Cuando los medios muestran, en cambio, a las mujeres en formas demasiado estereotipadas, les niega la posibilidad de actuar de modo no estereotipado. Por el enorme poder institucional que tienen en la sociedad, es importante que los medios promuevan la tolerancia, la dignidad, y una ética de respeto hacia las personas, y que también nombren e identifiquen los estereotipos negativos para mostrar con ello de qué manera la sociedad llega a etiquetar y marginar a las personas, y a promover prácticas discriminatorias.

¿Qué importancia tiene la televisión en la preservación de los estereotipos negativos?

La televisión puede hacer algo más que perpetuar formas de violencia física e intelectual contra las mujeres. Puede proponer imágenes positivas de mujeres con capacidad de decidir, mujeres intelectualmente fuertes, mujeres profesionistas, mujeres lesbianas, mujeres maduras, mujeres de diversos orígenes étnicos y sociales. Mostrar esta diversidad femenina sería una forma de desmantelar los estereotipos negativos que afectan a las mujeres, y también a los hombres, y sería sin duda una gran contribución cultural a la sociedad.

¿Cómo percibe usted en México el contraste entre una capital con una legislación avanzada en materia de derechos reproductivos y sexuales, y el resto del país donde el marco legal aún sustenta, en muchos casos, las prácticas de discriminación y los estereotipos negativos?

Me parecen muy interesantes los avances en la ciudad de México, desde la ley sobre el aborto hasta la del matrimonio gay y la adopción, leyes apoyadas por la Suprema Corte de Justicia. Se trata de ejemplos excelentes de promoción de la tolerancia que buscan garantizar que la gente de todas las procedencias pueda desarrollarse plenamente. Ignoro los detalles precisos de lo que sucede en Guanajuato con mujeres encarceladas por abortos involuntarios, pero en términos generales dicha situación corresponde muy bien a un triste modelo que prevalece en el mundo entero. El caso de Guanajuato ilustra la manera en que los estereotipos negativos afectan a mujeres pobres o indígenas que no pueden acceder a un proceso justo. Sus juicios son parecidos a los que sufren otras mujeres en diversos países, donde en especial las mujeres pobres no gozan de la garantía de una primera presunción de inocencia, sino que atraviesan una situación donde la evidencia se construye en contra de ellas, a partir de estereotipos negativos. Con el respaldo del Estado, se selecciona una evidencia en contra de ellas, cuando la ética legal requeriría que la defensa disponga de evidencias a favor de las mujeres, algo que a menudo no sucede. En el caso de los embarazos indeseados, existe ya un estigma que se refleja en la manipulación prejuiciada de evidencias negativas y en el manejo de estereotipos negativos.

Un ejemplo emblemático es la decisión de la Corte Interamericana de los Derechos Humanos en el caso del campo algodonero en Ciudad Juárez. Varias mujeres desaparecieron en esa ciudad y cuando sus madres solicitaron justicia se les respondió en formas muy estereotipadas. Cuando ellas pidieron que la policía investigara la desaparición de sus hijas, ésta les respondió de modo negativo. En una decisión del año pasado, La Corte Interamericana nombró e identificó los estereotipos negativos que manejó la policía cuando rechazó las quejas de las madres diciendo que dos de las tres mujeres desaparecidas y asesinadas en el campo algodonero habían actuado de manera promiscua. La policía decidió entonces no investigar. La Corte señaló que en ese caso la subordinación de las mujeres podía asociarse con prácticas basadas en la persistencia de estereotipos de género, mismos que se exacerbaban al incidir, implícita o explícitamente, en las políticas y prácticas de la policía. Un caso como éste muestra la manera en que los estereotipos negativos y hostiles impiden el acceso de la mujer, sobre todo de la mujer pobre, a una buena impartición de la justicia.

¿Qué opina del estereotipo en la práctica judicial que hace de la víctima la responsable de la tragedia que padece, como el caso de una mujer violada a la que se responsabiliza del asalto sexual que ha sufrido?

En Canadá tuvimos el caso de una mujer que fue molestada sexualmente durante una entrevista laboral, y la corte liberó al agresor. Al mismo tiempo, de modo contrario, un ministro de justicia en Québec nombró un tipo de estereotipo al señalar que las mujeres no viven en un estado de consentimiento perpetuo al sexo, por lo que es indispensable demostrar en casos de agresión sexual un consentimiento explícito al mismo. En otro caso, una mujer fue agredida sexualmente y el defensor acudió a la Suprema Corte, la que negó la liberación del agresor y reenvió la sentencia para que en un nuevo juicio se exigiera a los jueces que, al realizar su trabajo, se mantuvieran libres de prejuicios y estereotipos negativos.

La reciente decisión de la Suprema Corte de Justicia en México de autorizar la adopción de menores por parte de parejas del mismo sexo, abrió el debate sobre si era necesario proteger a los niños o si se debía reconocer la capacidad de estas parejas de educarlos convenientemente. En su opinión, ¿qué papel juegan los estereotipos en esta discusión?

No sé de ninguna persona gay que no sea capaz de amar a un niño de la misma forma en que lo hace una pareja heterosexual. Una pareja gay tiene la misma capacidad, en ocasiones una capacidad mayor, que una pareja heterosexual para educar a un niño. Intentar fabricar estereotipos hostiles para las parejas gay sólo muestra una indisposición a entender su estilo de vida. Lo importante para un niño es vivir con una familia que le proporcione amor y cuidados, algo que las parejas gay pueden hacer de igual modo que cualquier otra.

Un elemento más en el debate fue la idea de que los niños debían identificarse con roles sexuales establecidos y no apartarse de este modelo único, so pena de difuminar o perder su propia identidad. ¿Qué opina al respecto?

Se ha argumentado a través de diversos estudios que un niño que crece en el seno de una familia ajena a los estereotipos negativos, será más liberal y libre de crecer como quiera, de hacer sus planes y tomar decisiones propias. En ocasiones el niño crecerá más libre en una pareja gay, y por regla general, mostrará más tolerancia y respeto hacia la vida de los demás.

¿Percibe usted un aumento o una disminución en la influencia de la religión organizada en la construcción de los estereotipos negativos o en las prácticas de discriminación?

La decisión de algunas religiones organizadas de impedir que las mujeres puedan ser ordenadas obispos o sacerdotes, muestra simplemente el deseo de negarles el acceso a posiciones de liderazgo. No se les reconoce la capacidad de organizarse y ser líderes con otras mujeres que tienen fe, algo de lo que son perfectamente capaces. Se les niega de entrada, a partir del uso de estereotipos negativos, toda posibilidad de competir (en el sacerdocio, episcopado o papado) con otros hombres y gozar de los mismos derechos.

Se habla también del interés de la jerarquía religiosa de oponerse a cualquier avance en materia de derechos sexuales.

Es el caso de las jerarquías religiosas en muchos países que combaten los derechos sexuales y reproductivos. Es lo que yo llamo una inquisición de los tiempos modernos y que consiste en imponer a las mujeres ciertos roles de género, preservando para los roles masculinos ciertas parcelas de poder. Será interesante ver lo que sucederá en Inglaterra y saber si las mujeres pueden llegar ahí a ser obispos. Debo decir que me decepcionó enormemente la decisión reciente del Vaticano de castigar a quienes intentan ordenar a las mujeres como sacerdotes con la misma severidad con que se castiga a los sacerdotes que abusan sexualmente de los menores. Es algo escandaloso.

¿De qué modo pueden los estereotipos negativos representar un obstáculo para el libre acceso a los servicios de salud pública?

Cuando, por ejemplo, las mujeres requieren de la autorización de sus esposos o de sus padres para tener ese libre acceso. El estereotipo señala que las mujeres son incapaces de tomar decisiones médicas, cuando en realidad son tan capaces de hacerlo como los hombres. Lo único que las mujeres requieren es disponer de una información científica apropiada para tomar sus propias decisiones en temas tan delicados como los derechos reproductivos. Bajo un código de ética, se debe respetar la libertad de las personas y su autonomía, y no tomar como pretexto la pretendida vulnerabilidad de las mujeres para negarle el acceso a situaciones médicas como la interrupción voluntaria del embarazo.

¿Piensa usted que las personas que viven con VIH son hoy menos vulnerables que hace diez años y que pueden enfrentar con mayor éxito situaciones de estigma o discriminación?

La discriminación persiste y las sociedades tienen mucho qué hacer para poder desmantelar los estereotipos hostiles. Estos estereotipos siguen muy vivos y tenemos que esforzarnos por impedir que obstaculicen el acceso de las personas con VIH/sida a los servicios de salud pública. En Canadá se discute en la Suprema Corte de Justicia la conveniencia de proporcionar agujas limpias para prevenir la infección por HIV entre usuarios de drogas intravenosas. Quienes se oponen a esta estrategia de salud pública lo hacen a partir precisamente de estereotipos negativos.

Finalmente, ¿cuáles son las formas idóneas para poder desmantelar estos estereotipos?

Estas formas tienen que ver básicamente con la educación que nos permite incrementar nuestra conciencia respecto a los estereotipos. Es preciso nombrarlos y articularlos, e identificar sus consecuencias dañinas, tanto en la familia como en el sector educativo, en el del empleo y la salud. No es necesario esperar a que una Corte Interamericana nombre los estereotipos negativos (como en el caso del campo algodonero de Ciudad Juárez) para combatirlos. Uno puede hacerlo desde ahora y mostrar de paso hasta qué punto son una violación a los derechos humanos y, en última instancia, una verdadera enfermedad social.

*Rebecca J. Cook es miembro del Colegio de Abogados de Washington, DC, preside el área de Derecho Internacional de los Derechos Humanos de la Facultad de Derecho de la Universidad de Toronto y es codirectora del Programa Internacional de Derecho en Salud Sexual y Reproductiva de esta Universidad. Su libro más reciente es Gender Stereotyping: Transnational Legal Perspectives (2009), en coautoría con Simone Cusack.

 

 

lunes, 8 de marzo de 2021

 

Tomado de Ismael Contreras Plata. 2004. Breve historia del siglo XX, Un siglo de revoluciones, contrarrevoluciones y guerras (frías y calientes).  México, DF. Edt. Casa Juan Pablo. 

La revolución socialista en Rusia 1917


Gracias a la lucha abierta y directa por el poder,

las masas obreras acumulan en un tiempo muy

breve una gran experiencia política y ascienden

rápidamente un escalón tras otro.

 

León Trotsky

 

 

La Revolución rusa de 1917 (en realidad las dos Revoluciones Rusas, la de febrero y la de octubre) surgió directamente de la guerra, aunque tiene causas específicas muy profundas: el despotismo zarista, la lucha y organización del pueblo ruso desde el siglo XIX y el hambre de tierra de los campesinos. Sin embargo, la bancarrota del viejo régimen zarista y el colapso del gobierno fueron provocados por tres años de guerra, que exigían al pueblo enormes sacrificios. Recordemos que todos los recursos existentes eran destinados al frente de batalla. La falta de alimentos y carbón para la calefacción, así como el elevado precio de éstos cuando los había, generó una situación desesperada en la población, tanto en las ciudades como en el campo. Las protestas contra esta situación empezaron a paralizar a los gobernantes, pues tenían que dedicar su atención no sólo a las estrategias de guerra, sino que en la retaguardia tenían que enfrentar a un nuevo enemigo, las movilizaciones revolucionarias de la clase obrera y las masas campesinas.

En 1917, Rusia era el imperio que presentaba mayores contradicciones socioeconómicas. En lo que respecta a la estructura económica, como lo analizó León Trotsky, presentaba serias desigualdades, ya que era un país con un inmenso territorio, donde la nobleza terrateniente chupaba la sangre a grandes contingentes de campesinos; quienes, en mucho cultivaban la tierra con una organización y técnicas que databan del siglo XVII. El atraso agrario coexistía con un sector industrial altamente tecnificado, que se encontraba a la altura de los imperios europeos y del imperio norteamericano e incluso en algunos aspectos los superaba. Cabe señalar que la producción industrial se encontraba fuertemente centralizada en grandes empresas y en unas cuantas ciudades, ya que el capital para financiar el crecimiento de este sector no era originario de Rusia; mas bien, los capitalistas de los imperios occidentales invirtieron grandes sumas de capital y transformaron la economía rusa en unas cuantas décadas. Los capitales extranjeros pronto ejercieron una profunda influencia, por medio del capital financiero, en toda la vida económica del imperio ruso, incluso en la monarquía y la nobleza zarista, quienes para financiar sus gastos suntuarios recibían grandes prestamos de las bolsas europeas. Las desigualdades socioeconómicas existentes en Rusia se combinaban con una estructura política de carácter absolutista, donde se sometía a múltiples nacionalidades, la población no tenía los mínimos derechos democráticos y los campesinos se encontraban atados, como en el feudalismo, a los terratenientes y por lo tanto carecían del derecho a la propiedad de la tierra.

LA LEY DEL DESARROLLO DESIGUAL Y COMBINADO

En este sentido, precisamente, las desigualdades existentes en la Rusia zarista y a partir de la confrontación de las ideas marxistas en el seno del movimiento obrero, León Trotsky, descubrió la llamada ley del desarrollo desigual y combinado, misma que será un elemento teórico de vital importancia para comprender el proceso histórico de los países atrasados. Esta ley nos dice que en las naciones atrasadas la penetración del capital imperialista establece relaciones de producción capitalistas y por ende ejerce el control de la economía sobre el resto de las formas precapitalistas de producción, lo que genera un proceso de desigualdad socioeconómica. Sin embargo, esta desigualdad se combina para dar como resultado una interacción (combinación) necesaria para el proceso de explotación, a lo que Trotsky llamó la ley de desarrollo combinado. En los países atrasados, esta interacción entre el desarrollo desigual y combinado, expresa Trotsky, genera el surgimiento de “saltos” en el proceso histórico. Bajo la presión de las condiciones externas se ven obligados a saltar las etapas de evolución que originalmente requirieron un periodo histórico entero para desarrollar sus potencialidades. Debido a que en unos cuantos años, en estos países atrasados, se introducen técnicas de producción más modernas o avanzadas, lo que para los países centrales les llevó décadas desarrollar. De esta manera, en Rusia la introducción del modo de producción capitalista se efectuó en unas cuantas décadas, lo que para las naciones europeas tardó centurias.

 Rusia era el imperio que a finales de 1916 e inicios de 1917 enfrentaba una mayor inconformidad por parte de los trabajadores. En este lapso una ola de huelgas sacudió sus principales ciudades. En febrero de 1917, una manifestación, con motivo de la celebración del día internacional de la mujer, se unió al llamado de una huelga general que habían convocado los trabajadores y trabajadoras de la industria metalúrgica. Después de cuatro caóticos días de protestas, durante los cuales los soldados se negaron a atacar a la multitud, el zar abdicó. Inmediatamente se nombró un gobierno provisional. Para todos los sectores políticos fue el triunfo de la República. La caída del zar para las masas, sin embargo, fue la proclamación de la libertad, la igualdad y la democracia directa.

La Revolución de febrero de 1917 permitió el regreso a Petrogrado (nombre adoptado por la antigua San Petersburgo) de una multitud de revolucionarios proscritos, que el gobierno zarista había exiliado en Siberia. Una gran parte de ellos eran miembros del Partido Obrero Socialdemócrata (el cual estaba dividido en dos corrientes la bolchevique y la menchevique) o al Partido Socialista Revolucionario. A su llegada los dirigentes exiliados del ala bolchevique encontraron en los trabajadores y campesinos un caldo de cultivo para difundir las ideas revolucionarias, anticapitalistas y socialistas por lo que muchas de las líneas políticas de los bolcheviques pronto fueron adoptadas por el pueblo trabajador.

Al mismo tiempo de nombrado el gobierno provisional, los trabajadores, siguiendo la experiencia de 1905, empezaron a formar los soviets de obreros y campesinos, en esta ocasión, con la participación activa de los soldados. El soviet general de obreros, campesinos y soldados dio a conocer, desde marzo el programa de política exterior, donde se planteaba una paz sin anexiones ni indemnizaciones. Por su parte, el gobierno provisional, manteniendo todos los compromisos del antiguo régimen zarista con sus aliados imperialistas, no tenía las intenciones de satisfacer las necesidades de los obreros y campesinos; no pretendía pactar la paz ni establecer el reparto agrario; demandas éstas muy fuertes por parte de la población. Con la formación del soviet (una organización surgida de las bases mismas en las fábricas y barrios) se empezaban a crear las condiciones de un doble poder y los orígenes de lo que sería el estado obrero. Para el gobierno provisional y los sectores de la burguesía la caída del zar, significaba el triunfo de la revolución y el fin de la lucha democrática. 

Pese a ello, al principio, todas las organizaciones políticas apoyaban al gobierno provisional, incluso el partido bolchevique, hasta que Lenin, volvió a Rusia, en abril de 1917, y planteó en sus famosas "Tesis de abril", que a consecuencia de una organización deficiente y a una insuficiente conciencia de clase del proletariado, se le había otorgado el poder a la burguesía a través del gobierno provisional. El partido bolchevique, escribía Lenin, tenía que aprovechar la posibilidad de luchar por la sustitución de la República parlamentaria por el poder de los soviets. ¡Todo el poder a los soviets!, fue la consigna leninista. Si bien es cierto que hasta esos momentos, el Partido de bolchevique tenía muy pocos delegados a los soviets y la mayoría del partido no estaba de acuerdo con las posiciones de Lenin, éste poco a poco fue convenciendo a la mayoría del partido de la necesidad de tomar el poder.

En junio de 1917, cuando se reunió el Primer Congreso Pan Ruso de los Soviets, el partido bolchevique incrementó el número de sus seguidores. Aunque el congreso estaba dominado por mencheviques y sociales revolucionarios; los manifestantes que asistían a la marcha convocada por el congreso coreaban las consignas de los bolcheviques: ¡Paz, tierra, pan y libertad! Por su parte el gobierno provisional, conforme pasaban los días iba perdiendo el apoyo de los trabajadores, campesinos y soldados; grandes manifestaciones de descontento se efectuaron en julio, exigiéndole al gobierno que pactara la paz. Las protestas fueron reprimidas sangrientamente por el gobierno provisional. Sin embargo, esto no amedrentó a los trabajadores, ya que siguieron protestando para hacer frente a esta situación, la única salida que encontró la burguesía fue detener el movimiento revolucionario con un golpe de estado, por lo que recurrió a la contrarrevolución. En efecto, en septiembre de 1917 el general Kornilov intentó un golpe de estado, mismo que se vio frustrado debido a que los soldados no lo secundaron, principalmente porque los bolcheviques llamaron a la creación de una milicia armada que contrarrestara el golpe.  Por estas fechas, los bolcheviques obtuvieron la mayoría en los soviets de Petrogrado y Moscú. Lenin, quien se encontraba oculto en Finlandia, desde las jornadas de junio y julio, planteaba que era el momento de preparar la toma del poder por los soviets.

La organización del levantamiento fue confiada al Comité Militar Revolucionario, que se había formado a principios de octubre, en el soviet de Petrogrado, con León Trotsky como su presidente.

Durante la madrugada del 25 de octubre, por medio del Comité Revolucionario, Trotsky dirigió la toma de puntos estratégicos de la ciudad de Petrogrado, durante la cual, prácticamente no se presentó ninguna resistencia. El gobierno provisional había sido derribado. El segundo congreso de todos los soviets, se reunió el mismo día, el 25 de octubre y emitió una serie de proclamas, propuestas por Lenin, para que los soviets locales de toda Rusia tomaran el poder.

El congreso de soviets aprobó un decreto de paz sin anexiones ni indemnizaciones; un decreto sobre la tierra, por medio del cual se expropió a los terratenientes y se puso a disposición de los comités agrarios para el reparto de ésta; y un decreto sobre la formación de un gobierno de obreros y campesinos. Se decretó además la jornada de trabajo de ocho horas y se declaró la nacionalización de la banca.

Nació así un estado obrero, la primera república de trabajadores de la ciudad y el campo de la historia. Por primera vez se estableció un sistema social en donde la producción no estaba destinada a la apropiación privada o a la obtención de la ganancia.

La Revolución socialista rusa fue, sin lugar a dudas, el movimiento revolucionario más profundo de la historia del siglo XX; su influencia se hizo sentir profundamente durante toda su trayectoria. Se puede afirmar que la conquista y la consolidación del poder obrero en 1917 en Rusia será el acontecimiento clave de la historia de los trabajadores en el siglo XX.

Las potencias imperialistas pronto se percataron de las repercusiones que traería el régimen soviético e inmediatamente se apresuraron a contener el avance de la revolución por lo que, en marzo de 1918, tropas inglesas, seguidas por otras francesas y estadounidenses ocuparon el puerto de Murmansk en el norte. Posteriormente, el gobierno japonés, que no se quería quedar atrás, ordenó el desembarco de tropas en Vladivostok.

Las tropas extranjeras fueron apoyadas en el interior por algunos grupos de rusos “blancos” que, con el advenimiento del poder de los trabajadores, habían perdido sus privilegios.  Sin embargo, después de meses de enfrentamientos la intervención extranjera fue derrotada. Jugó un papel importante el cansancio de los soldados de lo ejércitos enemigos y la solidaridad manifiesta hacia nuevo el gobierno revolucionario de Rusia, por parte de los movimientos obreros de Europa y otras partes del mundo. Muchos de los miembros de base de las tropas invasoras vieron que sus intereses de clase se encontraban del lado de los trabajadores y campesinos rusos, representados en el nuevo gobierno; por lo que se opusieron a continuar la guerra de invasión contra la primera república de obreros y campesinos. Por ejemplo, en abril de 1919 soldados franceses se insurreccionaron en los barcos de guerra en Odesa lo que hizo que los altos mandos militares ordenaran el cese de las hostilidades y la evacuación del puerto; igualmente en Murmansk  estaban a punto de amotinarse los soldados, lo cual se evitó debido a que se dio la orden de la retirada de las tropas estadounidenses y francesas. Por su parte las tropas de rusos blancos fueron incapaces de ganar el apoyo de la población ni de mantener una base en ella por lo que en 1920 fueron derrotadas y expulsadas del suelo soviético definitivamente por el ejército rojo.